Conociendo los vinos de Ensenada (Parte I)

A finales de marzo, justo los días de semana Santa, aterricé en Tijuana, Baja California, para conocer uno de los lugares – de varios en mi lista – que me han recomendado visitar por su destacada gastronomía, cuya fama va en aumento atrayendo a prestigiosos chefs como atrevimientos gastronómicos, además de ser el valle vinícola con mayor producción de vino en el país: Ensenada.

La primera estación, por así decirlo, fue el Beer Fest. Un encuentro cervecero, que según entiendo es el mejor de México, en el que participan pequeños y medianos emprendedores artesanales de esta bebida fermentada. Jóvenes proyectos, por lo que pude observar muchos provenientes de la misma Baja California, con productos de muy buena calidad. Así como pudimos saborear varios condumios locales, que me hacían salivar apenas con sus aromas.

Fue un día entero, recorriendo el lugar, probando distintos estilos: Britsh Bitter, Spiced Beer, Wheat Beer, Pale Ale, Stout, IPA, entre un montón más. Además de apreciar los atrevimientos como creatividades de los expositores.

La aventura vinícola empieza

Vista desde el microbus
Vista desde el microbus

Luego, a aprovechar el tiempo para conocer algo de la ruta del vino. Digo “algo” porque Ensenada posee no uno, sino tres valles, y numerosas casas vinícolas que van desde producciones pequeñitas – que venden sus uvas a otras más grandes, o producen vinos que sólo llegan a probarse en el lugar – hasta grandes bodegas que logran sacar más de un millón de cajas anuales.

Para orientar mejor mis pasos en aquellas latitudes, aproveché los consejos de una amiga y compañera del Diplomado de Vinos, Aline López, quien también es oriunda de Ensenada y trabajó en varias bodegas de la zona. Me hizo un listado de lugares que me recomendaba y me indicó como llegar.

Primero era ubicar la estación de autobuses El Vigía (entre la Calle Sexta y Calle Miramar, apenas a una cuadra de la Av. Juárez) y ahí tomar uno que dijera Guadalupe e indicarle al chofer, por no dejar, que nuestra intención era visitar los viñedos. Y así empezamos la aventura. Fue muy interesante ver como cambiaba la vegetación desde que salíamos de la ciudad de Ensenada para adentrarnos a la zona vinícola con dirección al Valle de Guadalupe.

Se podía rentar un auto, o tomar un tour personalizado, pero no iba a ser lo mismo y poder apreciar el camino con calma; como por ejemplo contemplar las pequeñas casas perdidas entre senderos que dejaban ver cultivos de vid – que para la fecha, apenas estaban brotando – en sus patios.

El micro sale de la ciudad de Ensenada, sigue hacia el Sauzal y toma el camino a San Antonio de Las Minas, recorre varias callecitas para agarrar nuevamente la vía principal y luego pasar por el poblado de Francisco Zarco hasta llegar al Porvenir, donde tiene su última parada. El chofer, un poco impresionado con nosotros, por nuestra manera “mochilera” de visitar, fue muy amable y nos dejó en las puertas de nuestra primera bodega a descubrir, El Cielo, que se encontraba a más o menos un kilómetro de su “estación terminal”.

Un paseo por El Cielo

Aquí nos vimos con Alberto, quien ya sabía que iríamos y nos mostraría la bodega. Mientras hicimos el recorrido nos comentó que son aún muy jovencitos. Los pioneros de esta Bodega vienen de Cancún, son amantes del vino y la buena mesa, y luego de un viaje a Francia regresaron con la intención de comenzar el proyecto de un viñedo y restaurante como “retiro” donde pudieran unir esas dos pasiones: el placer del vino y la gastronomía.

Hoy en día producen 35 mil cajas anuales y los primeros vinos salieron en el 2010, nos comenta nuestro guía. “Este fin de semana nos visitaron muchísimas personas – aparentemente debido al público que atrajo previamente el Beer Fest – y lo único que nos queda de esa fecha es un Pinot Noir. Actualmente manejamos 11 etiquetas, en abril sacaremos uno nuevo – un coupage de malbec, nebiolo y petit verdot -; y luego saldrán dos más de gama alta”.

Degustación en El Cielo
Keppler, Hubbel y Halley. Parte de la degustación en El Cielo

Ya en la cava degustamos cinco vinos: Kepler, 100% Cabernet Sauvignon, Hubbel, 100% Merlot, los cuales pasaron cada uno 24 meses en barrica de roble francés; y un blanco 100% Chardonnay llamado Halley; estos forman parte de su línea Astrónomos. Continuamos con Eclipse, de la línea Astros, una mezcla de distintas uvas y una crianza de 12 meses en barrica de roble francés; para finalizar con Perseus, de la línea Premium Constelaciones y diseñado para guarda, una mezcla de Nebbiolo y Sangiovese y una crianza de 24 meses en barrica.

Vinos agradables, se notan que hay cariño en los procesos y esmero en que sus visitantes se sientan a gusto. Aunque no ingresamos el café-restaurante, no dudo que ofrecen un sabroso menú que armonice maravillosamente con los caldos que producen en la casa y con el paisaje alrededor.

Y de El Cielo a Las Nubes

La siguiente sugerencia era La Carrodilla, pero lamentablemente no estaba abierta al público ese día. Me quedé con las ganas de conocerla porque tenía interesantes referencias sobre este proyecto vinícola, pero esto me obliga a volver próximamente.

Así que tomamos el camino a Las Nubes, tomamos el camino principal y luego un giro en la primera entrada que conseguíamos a la izquierda. Un camino de tierra con cultivos por ambos lados. Luego de un rato caminando pasa un auto y se detiene unos metros más adelante. Los pasajeros eran una pareja joven y preguntaron a donde nos dirigíamos, les dijimos que a la bodega Las Nubes; nos invitaron a continuar con ellos ya que iban en la misma dirección. “No son de aquí ¿no?” fue lo primero que nos dijeron con caras de extrañados, “nos llamó la atención que fueran los únicos caminando por esta vía, por eso decidimos parar”.

Al ingresar al edificio entendí la razón del nombre de esta bodega; como está sobre una colina posee una vista espectacular de gran parte del valle. Tal como si estuvieras sobre las nubes.

Vista desde el balcón de Las Nubes
Vista desde el balcón de Las Nubes

Para conocer sus caldos decidimos probar la “Cata Reserva”, mientras conversábamos con la joven que nos atendió. Mientras íbamos apreciando los vinos, pudimos conocer que iniciaron operaciones en el 2008 con una producción de 1500 cajas, y ya para el día de hoy logran obtener 12 mil.

Esta vez probamos cuatro vinos. La serie reserva originalmente posee cinco, todos con 12 meses de añejamiento en barricas de roble francés y americano, pero el nebbiolo, que según entiendo es el mejor de esta bodega, ya se había agotado.

Nuestro paseo gustativo de Las Nubes inició con Cumulus, mezcla de uvas garnacha, cariñena y tempranillo; continuamos con Nimbus, igualmente una mezcla de Merlot, cabernet y tempranillo; y luego continuar con dos monovarietales, un Syrah y un Petit Syrah.

Aquí aproveché para revisar mi mapa improvisado, con las bodegas por conocer, en esta aventura. Compartimos un rato además con nuestros acompañantes de ruta quienes al finalizar la experiencia de este día nos llevaron hasta la parada del autobús con destino la ciudad de Ensenada.


Imágenes del Ensenada Beer Fest

Visitas a las bodegas El Cielo y Las Nubes

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